EL ARDID
jueves 6 de agosto de 2009
Leo que un inmigrante ha entrado ilegalmente en Gran Bretaña oculto debajo de un autobús atestado de agentes del departamento contra la inmigración ilegal. El vehículo regresaba de Francia tras una sofisticada operación contra una red de contrabandistas humanos y el adagio por una vez se cumplió: el triunfo reside en el detalle pequeño. El polizón fue descubierto ya en Inglaterra, cuando abandonó su escondite creyéndose a salvo y se topó de bruces con medio centenar de uniformados que bajaban del autobús. La flema británica es incuestionable y no tengo muy claro si las autoridades procederán a su expulsión o a condecorarle. En cualquier caso, la peripecia recuerda a los anarquistas de Chesterton que organizaban sus complots voz en grito frente a la comisaría. Según el cabecilla, nadie podría tomarles en serio si prescindían tan ostentosamente de la clandestinidad. El asunto no termina del todo bien porque, como en cualquier fiesta de disfraces, el bigote postizo finalmente se desprende o la papada de lady Cavendish es inconfundible. Pero queda el gesto heroico de un Lawrence de Arabia que se infiltra tras las líneas turcas haciéndose pasar por una mujer. Naturalmente, los turcos la violaron aunque, comprensiblemente, Lawrence jamás dio detalles al respecto.

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