ORO DE LEY

martes 8 de septiembre de 2009

Ha comenzado el campeonato europeo de baloncesto y la prensa bautiza a nuestra selección “los chicos de oro”, una original referencia a su condición de favorita. Aunque permanezca en el limbo de las verdades ocultas, lo único que se pretende es vender ejemplares y ya se sabe que el marketing anda reñido con la información escrupulosa. Por ejemplo, los diarios deportivos ocupan indefectiblemente sus doce primeras páginas con noticias sobre el Real Madrid o el Barcelona, según la ciudad donde se editen. No lo hacen, como aseguran ellos, porque al público sólo le interesen estos equipos: al contrario, la rentabilidad de su negocio depende de que la competición se reduzca a un duelo preferiblemente sanguinario que excite las pasiones del vulgo en bares, casinos, oficinas y estancos. Informar a diario acerca de las novedades que se producen en un horizonte tan vasto como el deportivo exige dedicación, esfuerzo y erudición. Son lujos inútiles frente a la evidencia de que inventar noticias no afecta a la tirada. Lógicamente, esta degeneración tiende a perfeccionarse cuanto más se abusa de ella y por eso la selección española de baloncesto no es tal, sino “los chicos de oro”. En el sumidero quedan el análisis de los rivales, las explicaciones tácticas, las reflexiones sobre el estado de forma de los jugadores convocados, la idoneidad de los sistemas de juego ofensivo y defensivo o la incontrovertible certeza de que en el baloncesto actual las diferencias entre jugadores americanizados son mínimas. Es mucho más sencillo despachar un campeonato de quince días con la sesuda síntesis de que juegan “los chicos de oro” y basta. Por cierto, ayer perdieron contra Serbia y ya pueden imaginar el titular de hoy: “Los chicos de oro se confiaron”.